martes, 19 de junio de 2012

Tercer secreto: Te echo de menos

Siento que no estás y que las cosas son diferentes. Siento que me faltas, que me ahogo muchas veces, que me falta el aire. He comprendido que siento un miedo increíble y que necesito afrontarlo. Siento que vayas a sufrir, siento que suframos, siento haber tardado tanto en decidir.
Sé que da igual lo que diga o lo que sienta, que el daño esta hecho... Sólo quería decirte que te echaré de menos. Y ya he comenzado sintiendo que no estás por ninguna parte, la sensación de que me han arrancado una parte de mí... Que me han reventado por dentro. Y las lágrimas sólo son capaces de amortiguar un poco más la caída. Asimilar y aceptar que te he perdido, dejar que sigas con tu vida, dejarte en paz, dejar que seas feliz. Dejar de hacerte daño. Creer más en mí. Quiero hacer mejor las cosas, quiero ser mejor y más fuerte, ser capaz de no tener nunca más que verme en esta situación en la que sólo hago daño a los demás.
Ver, entender, solucionar.
Te echaré de menos...

domingo, 20 de mayo de 2012

Segundo secreto: Mal sabor de boca



No creo que lo sepa ni pueda ella entenderlo tanto como yo a veces entiendo lo que leo en los textos que escribe.
Antes de que me derrumbara, antes de que me convirtiera en esto que nunca he pretendido ser y sin embargo soy, y tampoco es que me arrepienta de ello, ella por un mes fue todo. No todo lo que me quedaba, es cierto, pero sí que empezó a ser algo por donde empezar. El detonante. Fue el detonante que me hizo darme cuenta de que siempre quise a alguien por encima de mis posibilidades. De las mías, de las suyas. Fue entonces cuando empecé a quitarle importancia al amor, a sentir... Puede que ella no me tratara como debía, que soltara la cuerda cuando le venía en gana y cuando decidía ponerme el límite, dar media vuelta y seguir por otro lado, ella entonces tirara de la cuerda en el último momento hasta volver a tenerme en el mismo sitio que antes. No la culpo. Parecía que el mundo se había puesto de acuerdo para jodernos la vida a todo el mundo por igual. Todos sentimos miedo. Hasta esa chica que se enjaulaba bajo una aparente estatua de cemento, diciéndome que podría ser yo la que la cincelara hasta romper la roca que la comprimía. Me dio motivos para salvarla, me dio motivos para rendirme. La vida en sí, me daba motivos para escapar, olvidar que ella había sido la que me había salvado a mí, ignorar que le debía una. Ella no quería esa una.

Tras semanas intentando disfrutar de lo poco que me daba, aún engañándome a mí misma, aún sabiendo que daba igual, no quise creer hasta que la venda se transformó en verdadera ceguera. No vi que sólo era un calmante, no vi que sólo me hacía sentir mejor, que su presencia cosía mis heridas con hilo temporal que algún día se agotaría. Y que quitar esos puntos dolería más que si me hubiera enfrentado al problema desde el principio.

                                      

Cuando al final ella decidió no querer nada conmigo pensé "¡qué zorra!". Que zorra por darle un derechazo a mi ego, que zorra por hacer caer la venda que evitaba que me diera cuenta de que sólo me estaba haciendo daño. Otra vez me inhibía en la infelicidad. Pensé que era una zorra por salvarme de nuevo. No creo que fuese consciente de lo que hizo, ni al comenzarlo ni al darle fin. Comprendí que yo había sido estúpida, una caprichosa y una ególatra de cuidado. Ahora me doy cuenta de que me gustó de verdad porque la echo de menos. A veces pienso en ella sin querer. Exacto, sin querer. Creo que me involucro demasiado en los sentimientos de cogidas de mano como por casualidad y de que se riera cuando me acercaba demasiado, llamándome "mala persona" por ello y, la verdad, no le digo que no. Lo era. No una persona mala de malvada, sino mala de "mal hecha". Defectuosa. Una errata que había cobrado vida de repente.

Tal vez escriba esto porque siga esa astilla hincada en mí, pensando en lo que pudo ser y no fue aunque tampoco hubiera mucho con lo que trabajar. También puede que me avergüence el no habérselo agradecido y esta sea una forma no directa de hacerlo. Nada de aquello tuvo mucho sentido aunque yo le encuentre los cinco por todos lados. También puede ser una forma de deshacerme de ese sentimiento, remordimiento o "poso" que se quedó después. Como un mal sabor de boca.




Sea por lo que sea por lo que escribo, cabe la posibilidad de que ella nunca sepa que sigue existiendo a veces.

lunes, 26 de marzo de 2012

Primer secreto

Tengo miedo. Muchas personas lo tienen, es cierto, pero yo no. Yo no debería, sin embargo lo tengo. Tengo miedo a levantarme un día y que mis padres ya no estén. Tengo miedo a equivocarme, miedo a hacerme daño, miedo a que alguien lo pase mal sólo por mi culpa. Tengo miedo a tomar decisiones, a romper mi burbuja, miedo a que un día me sonrían y acabe por no sentir nada. Tengo miedo a las lágrimas, a ser feliz por si dura poco, miedo a crecer, miedo a estancarme y no avanzar. Tengo miedo de llegar a la meta y no ser nadie en la carrera, miedo a no ser la primera. Tengo miedo de que dibujar sea sólo una afición y no un modo de vida. Tengo miedo a no encontrar lo que busco y que aquello que me busca, me encuentre. Tengo miedo a desbordarme y que el suelo sólo se manche de dolor. Tengo miedo a lo que me haces sentir y a lo que nunca será, porque no quiero. Tengo miedo a quererlo. Tengo tanto miedo a que sea tarde cuando decida quererlo. 
Tengo miedo de que tus ojos y los de ella, me digan lo mismo. Tengo miedo de mirarlos de la misma forma, a ambos. Tengo miedo de las miradas al suelo, de que mi dedo no levante tu cabeza. Tengo miedo de que si en mí no, encuentres en otra un lugar donde tu amor sea bien merecido. También tengo miedo de no ser lo que merezcas, de que me olvides. Tengo miedo de que ella encuentre el amor girando un poco la cara hacia él.

Tengo miedo a no dejar de morderme las uñas nunca. Tengo miedo de un día levantarme y ver que lo he perdido todo. Tengo miedo a quedarme sola, sin embargo vivo aislada y me hago creer que no necesito a nadie. Tengo miedo de no ser suficiente en algo, tengo miedo de que me digas que vuelva. Tengo miedo de volver a lo de antes, al dolor. Tengo miedo, aunque nunca lo mencione, de que seas tú y no ella, porque tengo miedo a que sea ella y no tú. 

Tengo demasiado miedo a no ser suficientemente fuerte, miedo a engañar y hacérmelo a mí misma. Tengo tanto miedo que combatir, que a veces más que miedo, es vida. Tengo miedo de que mi vida se base en él y que él no me deje vivirla. No como quiero aunque tema no saber qué es, lo que quiero y lo que tal vez dejé de querer hace tiempo. O nunca quise.